Se ha marchado un familiar, un amigo, Manuel Buigues con el mote de ‘Sopa’ para no volver jamás. Día triste, agridulce, o alegre, igual que era él con tal de hacer feliz a los que teníamos la suerte de gozar de su amistad. Él de Xàbia, yo de Murcia. Nos conocimos hace cincuenta años que son los que estoy casado con su prima hermana Gabriela, pero la amistad rompe fronteras.
Decir adiós a los amigos siempre resulta muy doloroso. El corazón se entristece al pensar en la ausencia y vacío que dejan en nosotros. Al perder a un ser querido, una sensación extraña nos invade, un gusto amargo el que nos deja. Se va así, a veces, de un plumazo, sin previo aviso para alcanzar el vuelo definitivo.
Saber que no vamos a verle más nos hace pensar en nuestra propia existencia. Pero, la amistad permanece siempre en el recuerdo. Es magnífico conocer y compartir cariño, halagos, confidencias, viajes, cansancio y un sinfín de cosas
más.
Amistad que se va fraguando día a día y con el tiempo, adquiere una solidez y lazos de unión tan fuertes y, mucho más, si es de la propia familia, incluso más sólidos. Al lado de los buenos amigos uno se enriquece intelectual y
espiritualmente y, por consiguiente, es más feliz. Los amigos nos ayudan a seguir manteniendo una vida social y amable, a compartir afectos y conocimientos y contribuyen a nuestro crecimiento personal. A amar sin obligaciones ni condición de sangre, a que la generosidad florezca como cualidad natural, sin esfuerzo.
Alguien dijo: «Los amigos están en los buenos momentos cuando los llamas y en las adversidades sin llamarlos». Cuando se marchan, nos sentimos perdidos. Nos queda el consuelo de que nos cuidaran desde su nueva morada. Me gusta
imaginar que pasamos a un mundo mejor, donde los intereses son otros, donde el tiempo carece de horas, donde los inviernos son más cálidos… ¿Qué misterio encierra la muerte? Sólo sé que caminamos de una vida a otra inexorablemente, pero, a pesar de la evidencia, resulta tan difícil…
Nos queda hacer un esfuerzo para que la vida continúe llena de gozo y esperanza allá donde nos lleve y que, a pesar de las ausencias que continuamente se van generando, sigamos siendo felices y aprendamos poco a poco a prescindir de lo que perdemos y fortalecernos con nuevas oportunidades que nos brinda, con ilusiones renovadas, porque la vida es tan breve y dura como ilusionante es vivirla.
Mi afecto y mi cariño para sus hijos, Marilen y Manuel y sus hermanos Fina y José Francisco, su nieto y nietas. Manolo ‘Sopa’, era fiesta, alegría, amistad y felicidad. Era xabiero hasta el tuétano y amaba las fiestas y las costumbres xabieras como el primero. Se entregaba de todo corazón no solo en Fogueres, sino también en les Festes de la Mare de Déu de Loreto y también colaboraba en los desfiles de los Moros i Cristians. Su amor a las fiestas de Xàbia vivía en su corazón era una brasa que iluminaba su cuerpo, y lo llevaba a la práctica. Jamás lo conocí enfadado, siempre buscaba la concordia y su principal finalidad consistía en agradar a todo el mundo y que la gente se llevara bien, esquivando las rencillas o malos entendidos. En definitiva, buscaba la paz.
Manolo descansa en paz. Hace pocos días tuve la fortuna de verte y pasar unos minutos contigo y tu rostro reflejaba bondad, amor y paz como siempre, aunque yo entendí que ya nos dejarías pronto para volar al cielo.
Manolo, descansa en paz, te espero en Fogueres, en las Fiestas de la Mare de Déu de Loreto, en los Moros i Cristians y cómo no, en mi querida Playa de la Grava para sentir tu luz de amor divino mientras miro al cielo desde donde nos ayudarás para que sigamos amando a Xàbia y a sus Fiestas. Como siempre defendiste a los más vulnerables y desfavorecidos ahora lo seguirás haciendo junto al Padre Eterno donde disfrutas de la gloria para siempre en la que espero que nos veamos eternamente.
Juan Legaz Palomares